miércoles, 29 de septiembre de 2010

Huelga la huelga

Publicado en "La Voz de Cádiz"

 Lo decía estos días Javier Solana: «El poder se desplaza del Atlántico al Pacífico. ¿Cómo nos vamos a adaptar?». El eje Europa-Norteamérica, que ha venido marcando la pauta de la historia, ha perdido su hegemonía, con la incorporación de nuevas áreas emergentes en el concierto internacional.


Estos cambios se han visto acelerados por el proceso imparable de la globalización y exigen un esfuerzo de adaptación a la vieja y joven Europa, si queremos estar presentes en la gobernanza del planeta y en la defensa de un modelo que garantice las libertades políticas y la protección social.

En este escenario y como consecuencia del mismo, estamos inmersos en la mayor crisis económica de la historia en su múltiple dimensión ambiental, energética, alimentaria, financiera, etc. La información y la economía son cada vez más globales pero la política no, ya que el imperio ha perdido la capacidad de garantizar la estabilidad y las plataformas de encuentro tales como el G 8 y el G 20 se muestran incapaces de imponer las reglas del juego a los mercados.

Todos estos cambios nos exigen una urgente adaptación a los nuevos tiempos y a las nuevas realidades. El problema principal es asumir la necesidad de hacerlo, ser coherentes con lo que pensamos y sabemos. Dejar de escurrir el bulto y asumir responsabilidades; en palabras de Zapatero: «Hacer lo que haya que hacer, cueste lo que cueste».

Hasta ahora y a la luz de los resultados la respuesta de la Unión Europea ha sido manifiestamente insuficiente. Hemos intentado resolver las dificultades que han venido planteándose, a medida que disminuía nuestra capacidad para competir en los mercados internacionales, con una huida hacia adelante, multiplicando el déficit público y el endeudamiento exterior. En definitiva, viviendo por encima de nuestras posibilidades, entendidas en términos de recursos, tecnologías y capacidades productivas reales.

En nuestro país, llevamos mucho tiempo diciendo que nuestro sistema de pensiones no es sostenible, sin acometer las reformas necesarias. Todo el mundo admite que nuestro mercado laboral es excesivamente rígido y poco adecuado para el modelo productivo de la economía global, pero todos los intentos de incorporar cambios han sido contestados con la convocatoria de huelgas generales.

En la sociedad de la comunicación en la que la visualización se ha convertido en la esencia de las cosas, el éxito de la convocatoria depende de lo que salga en pantalla; la imagen depende de que paren los servicios públicos del transporte y cierren los comercios.

Ambos asuntos están ajenos a la voluntad de los ciudadanos y por tanto ponen en cuestión la libertad para decidir sumarse o no a la convocatoria. Claro que, como decía un viejo dicho, «en la virtud llevan la penitencia», porque unas imágenes de grupos incontrolados reventando escaparates pueden empañar el éxito de cualquier protesta. Damos por seguro que los convocantes habrán tenido un especial cuidado en que no se les desmadren los piquetes informativos.

El acuerdo logrado entre el Gobierno y los sindicatos sobre los servicios mínimos, consolida la cultura de la concertación social como una de las señas de identidad de los gobiernos socialistas y supone un gran avance para lograr el equilibrio de derechos entre los quieran o no sumarse a la huelga. El día después habrá que retomar las conversaciones para alcanzar acuerdos que nos permitan avanzar en la solución de la crisis.

Desde la perspectiva socialista es difícil superar la contradicción que subsiste entre el deseo de que los sindicatos no queden deslegitimados y, al mismo tiempo, el Gobierno de Zapatero sufra el menor coste posible. Ellos no lo tienen más fácil cuando les asalte la duda de que la mayor parte de la cosecha de la huelga pueda terminar en los graneros electorales del PP, que en ningún caso estará por compensarles por los servicios prestados.

En la derecha lo tienen todo meridianamente claro; quieren un rotundo éxito de la huelga y el mayor coste posible para Zapatero, porque confían en que eso les ayude a tener la mayoría suficiente para liquidar a los sindicatos, siguiendo el guión de su referente y guía; la señora Thacher reencarnada en la señora Aguirre, que ha estado especialmente movilizada para incrementar el cabreo de convocantes y convocados.

En la estrategia de la simulación y el mínimo esfuerzo seguida al pie de la letra por el «holgazán político» Rajoy, según lo retrata el genial Peridis en las viñetas de 'El País', la clave está en que le hagan el trabajo de oposición la crisis o los sindicatos. Piensan que lo mejor es no interferir, ocultar el programa y hasta las intenciones, alentar los descontentos y favorecer la crispación, porque cuanto peor le vaya al país mejor les irá a ellos.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Gibraltar y el patriotismo de salón

Publicado en "La Voz de Cádiz" 13/08/2010


La Línea tiene su mayor fábrica de empleo en Gibraltar, pero su alcalde ha decidido cerrarla. Aunque es consciente de que no podrá lograrlo, porque no tiene competencias para ello, por el momento se esfuerza en provocar un expediente de regulación, a través de un peaje a sus visitantes, con el que espera resolver la bancarrota municipal.

Es un viejo recurso de los malos gobernantes inventarse un enemigo exterior, traspasar a otros los problemas y la responsabilidad. Marruecos está en estos momentos dando un cursillo acelerado sobre esta técnica, por lo demás ya vieja y depurada por todas las dictaduras y sus dictadores.

Como no pueden pagar la nómina ni hacer frente a los gastos de los servicios, la solución es fácil: que lo paguen otros: el Gobierno de España, la Junta, la Diputación o los visitantes de Gibraltar. Asumir la responsabilidad del gobierno municipal sería sacar adelante proyectos que pusieran en valor el potencial que ofrecen más de dos millones de visitantes, en el ámbito del turismo, el comercio y los servicios. En lugar de aprovechar el recurso económico que representan, el alcalde y su equipo de gobierno quieren echarlos, disuadirlos de que vengan.

La existencia de una colonia en Europa es un arcaísmo histórico que se mantiene en el tiempo en razón de la posición geoestratégica del enclave, que se ha mantenido bajo tutela británica como un ejemplo más de su virtuosismo en materia exterior y en la defensa de sus intereses internacionales. España no puede ni debe renunciar a avanzar en la recuperación de su integridad territorial. La soberanía es irrenunciable, pero no puede bloquear las soluciones prácticas a los problemas comunes que padecen las poblaciones a ambos lados de la Verja.

Este planteamiento ha sido reivindicado desde hace mucho tiempo por los socialistas y puesto en valor a través de un Foro de Diálogo que ha permitido abordar asuntos de gran interés público como la revalorización de las pensiones, el uso conjunto del aeropuerto y la mejora de las comunicaciones. Queda mucha tarea y las conversaciones deben continuar para abordar otras cuestiones como los problemas fiscales y ambientales y la seguridad. Las autoridades de Gibraltar deben ser conscientes de que el diálogo es como montar en bicicleta (si pedaleas, avanzas y no te caes), si acordamos asuntos de interés común, profundizaremos en la política de buena vecindad y mejoraremos las condiciones de vida de los habitantes de la zona. Si se empantanan las conversaciones volveremos a los discursos y soflamas que sólo buscan el enfrentamiento, el agravio comparativo y la manipulación política de los sentimientos identitarios.

La falta de legitimidad democrática y su debilidad internacional condujo al franquismo a un discurso de patriotismo de salón en el que Gibraltar no dejó de ser recurso para desviar la atención interna ante problemas políticos y sociales. Los dirigentes del PP, tan nostálgicos del régimen en tantos temas, han rescatado la vieja estrategia a pesar de que ha sido Aznar el que ha ido más lejos al plantear la cosoberanía.

La Línea y Marbella han sufrido la desgracia de un alcalde procedente del GIL y acogido por el PP que las ha conducido a la bancarrota y la degradación en todos los sentidos. La justicia ha expulsado a Juárez de la política, aunque con excesiva lentitud y retraso, debido a las estrategias de una defensa jurídica obstruccionista y dilatoria, orientada a alargar al máximo los numerosos sumarios, algunos de los cuales superan ya los diez años de tramitación sin que se hayan producido sentencias firmes.

Los gobiernos del GIL-PP, de los que ha formado parte el actual alcalde y de cuyas actuaciones es por tanto corresponsable, han sido denunciados y están imputados por numerosas irregularidades administrativas y delitos ante los tribunales de justicias, que deberán depurar las responsabilidades jurídicas correspondientes.

Los ciudadanos deberán depurar las responsabilidades políticas de unos representantes que se han señalado por las contrataciones irregulares de personas próximas, por el despilfarro de los recursos públicos, por la dilapidación del patrimonio municipal en el que no quedan parcelas e inmuebles que no hayan malvendido para pagar gastos corrientes.

El alcalde y los gobiernos municipales del GIL-PP son responsables de haber liquidado la herencia patrimonial recibida de anteriores corporaciones socialistas y además han hipotecado el futuro del municipio y de sus habitantes a través de convenios que afectan a todo el término municipal y cuyas plusvalías urbanísticas ya han sido cobradas y gastadas. Liquidada la herencia e hipotecado el futuro, sólo un enemigo exterior puede ser el sucedáneo para distraer al personal. En eso están. ¿Por cuánto tiempo?