jueves, 14 de abril de 2011

Semana del 11 al 17 de Abril de 2011



Miércoles 13 Y Jueves 14 de Abril
16:30 – SESION PLENARIA


Pregunta con ruego de respuesta oral en Pleno 8-11/POP-000192, relativa a dimisión del Consejero de Gobernación y Justicia
PROPONENTE/S: Ilmo. Sr. D. Carlos Rojas García (G.p. Popular de Andalucía)


Pregunta con ruego de respuesta oral en Pleno 8-11/POP-000193, relativa a cese del Delegado del Gobierno en Cádiz
PROPONENTE/S: Ilmo. Sr. D. José Loaiza García (G.p. Popular de Andalucía)

No es lo mismo

             Una constante en el discurso de la derecha es el empeño en destruir la política. Es como si sus portavoces hubieran asumido que sus graneros de votos son minoritarios, los ricos son menos, por lo que tendrían serias dificultades para conseguir la mayoría en condiciones de normalidad democrática. En consecuencia, consideran necesario embarrar el terreno de juego, jugar al límite del reglamento, bordear la ley, tensionar el debate, simplificarlo al límite, apostar por los instintos y las pasiones frente al razonamiento y el equilibrio que exige toda realidad compleja.


Esta estrategia no tiene límites, ni está subordinada al interés general, el objetivo de conquistar el poder justifica todos los medios que se empleen en el intento. El resultado no puede ser más desolador: se han vulnerado las bases del modelo constitucional, se ha politizado la justicia, se pone en cuestión la actuación de los cuerpos de seguridad y forman parte de la refriega política los 'asuntos de estado', en los que debería primar el consenso: terrorismo, inmigración, política exterior, seguridad y defensa.

Las fuerzas conservadoras siempre han procurado patrimonializar las creencias y los símbolos, todo aquello que conforma el imaginario colectivo, lo que en su lenguaje se identifica con las esencias, con lo identitario: Dios, patria, ley, familia, bandera, etc. Tambien ha formado parte de su comportamiento político el manejo de las pasiones, los instintos, los miedos y tabúes. Desde siempre el discurso conservador se apoyaba tanto en el temor, la incertidumbre y el vértigo que provocan los cambios e innovaciones, como en el populismo redentor de la ley del talión, 'ojo por ojo, diente por diente'.

Últimamente están aflorando otras variantes del mismo fenómeno, puestas en valor a través de un manejo desvergonzado de los medios de comunicación, apoyadas en el éxito profesional y económico de los aspirantes a caudillos del pueblo, uno de cuyos estandartes más destacados es Berlusconi, insigne virtuoso de la depravación, la manipulación y el engaño.

Es desolador, como para perder la confianza en el ser humano, el éxito de esos programas de televisión, en los que un grupo de descerebrados glorifican los instintos, chapotean en la zafiedad y el mal gusto, adormeciendo las conciencias, triturando el derecho al honor y a la propia imagen y pisoteando los derechos humanos y los principios democráticos.

El viejo axioma de 'muerto el perro se acabó la rabia' se aplica sin piedad en el debate político, en una estrategia muy extendida de 'matar al mensajero', cuando las ideas que porta son certeras, e incluso obvias. Es una variante perversa pero que obtiene excelentes resultados, en esta realidad social y cultural en donde lo que parece es, y el envoltorio o continente es más importante que el contenido.

No hay límites en la caza del oponente político como estrategia para anular la incidencia de sus discursos, ideas y programas. Se aplica aquella vieja desvergüenza mediática de que 'no permitas que la verdad te estropee un buen titular', que la presunción de inocencia cuestione las penas de portadas, de editorial o de banquillo. Para cuando la verdad resplandezca, el oponente, mensajero de ideas que puedan interesar a los electores, será un cadáver político y nadie pedirá explicaciones por el éxito electoral cosechado con triquiñuelas de tahúr político.

La derecha se comporta como si el poder le perteneciera por derecho divino y considera un accidente el que la izquierda pueda ejercerlo, por mucho que las urnas se lo otorguen. En nuestra joven democracia se ha hecho costumbre la descalificación de los resultados, cada vez que sus expectativas de triunfo no se han visto confirmadas el día de las elecciones. Lo han hecho los portavoces del PP, Arenas y Gallardón, cuando Aznar perdió contra Felipe González y lo han vuelto a repetir cuando Rajoy fracaso contra Zapatero.

La ley y el orden parecían patrimonio de los conservadores y el estado un instrumento para garantizar sus derechos, especialmente el de la propiedad privada, pero cuando la ley garantiza la igualdad, la derecha no tiene inconveniente en ponerse el estado de derecho por montera. Que se lo pregunten a Berlusconi, que ha hecho costumbre el fabricar leyes a su medida, para garantizarse la impunidad.

Sus homólogos del PP no dudan en arremeter contra policías, jueces y fiscales cuando éstos, en el ejercicio de las funciones que las leyes les encomiendan, investigan, acusan y juzgan actuaciones y comportamientos que infringen las leyes.

En nuestro país existe una amplia caverna mediática, que en cualquier escenario político del resto de Europa se calificaría como extrema derecha, cuya tarea principal es mover el albor para que el PP coseche la fruta madura de los votos. Son especialistas virtuosos del insulto, la manipulación y el engaño, nostálgico del franquismo que vomitan a diario planteamientos más cercanos al fascismo que a la democracia.

Es el viejo discurso fascista de: 'todos los políticos son iguales', es decir ineptos, mentirosos y corruptos. Con las preguntas implícitas de: '¿para que la política?', '¿para qué votar?, total si da igual', '¿para qué la democracia? que es cara, ruidosa y desordenada'. De acuerdo con los resultados electorales, la derecha puede permitirse el lujo de la corrupción, pero la honestidad debe ser el ADN de la izquierda, que no puede ampararse en pedir a los ciudadano el mismo trato, si se reclama diferente.

           Aunque los políticos son un reflejo de la sociedad en la que ejercen, quienes están en la política tienen que aceptar un grado mayor de exigencia y control que el resto de los ciudadanos en sus quehaceres profesionales y privados, porque se ocupan de gestionar los recursos públicos y de garantizar el interés general.

miércoles, 13 de abril de 2011

Ahorro y eficiencia energética



La energía es el termómetro de una civilización, que marca su nivel de desarrollo económico y social. Su control, junto a la eficiencia tecnológica en la generación y el consumo, determina la génesis y decadencia de los imperios a través de la historia, por lo que el acceso a las fuentes energéticas ha estado y está en el germen de muchos conflictos en el Mundo. 


Desde que Einstein divulgó la famosa formula E=mc2, energía es igual a la masa por la velocidad de la luz al cuadrado, sabemos que la energía está en el origen y estará en el final del universo. Mientras que se produce lo inevitable en los tiempos cósmicos, estamos poniendo de nuestra parte todo lo posible para hacer inhabitable esta minúscula parte que es nuestro planeta.

En la producción y el consumo de energía se originan una parte sustancial de los problemas ambientales. El cambio climático, provocado por los gases de efecto invernadero, es cada vez más una evidencia empírica, que certifica lo que ya han venido afirmando los científicos en todo el Mundo, con el desacuerdo de Rajoy y su primo.

Las fuentes energéticas tradicionales han estado asociadas a la biomasa y al agua, más tarde a los combustibles fósiles (carbón y petróleo) y más recientemente a la fusión nuclear. El carácter limitado de los recursos, su distribución geográfica, los costes económicos de explotación, los impactos ambientales y las consecuencias geoestratégicas en el concierto internacional conforman un cóctel explosivo de permanente actualidad.

Ningún modelo energético ha sido ni será neutral o inocente; el uso de la biomasa aniquiló una parte sustancial de la cubierta vegetal del planeta, los combustibles fósiles afectan al cambio climático y destruyen ecosistemas y la energía nuclear genera residuos que remitimos a las generaciones futuras hasta el fin de los tiempos. Chernóbil y el reciente terremoto de Japón nos ilustran sobre los riesgos de contaminación radiactiva que comporta el uso de esta fuente energética.

El tránsito entre modelos energéticos, como todos los cambios estructurales y culturales, no son rápidos ni fáciles. En muchas zonas del tercer mundo la biomasa sigue siendo la principal fuente de energía consumida, mientras que los combustibles sólidos aportan de forma abrumadora la mayor cuota del consumo mundial y estamos alumbrando nuevos recursos y tecnologías asociados al sol, el viento y el mar. El reto ineludible es la sostenibilidad, la preservación de los recursos naturales, de la biodiversidad, de la calidad de vida, de la vida.

Aunque las fuentes energéticas renovables puedan garantizar en el futuro la sostenibilidad, cada vez es más evidente que la prioridad debe ser el ahorro y la eficiencia, lo que exige apostar por el compromiso del consumidor y por los avances tecnológicos. En la búsqueda de fuentes energéticas no podemos hacer trampas tan habituales como las de socializar los costes económicos y privatizar los beneficios, mientras que se ignoran los impactos ambientales y los riesgos para la salud.

En el aquí y el ahora, nuestro modelo energético es manifiestamente mejorable, en términos de diversificación de las fuentes para reducir la dependencia del petróleo, de eficiencia y ahorro en los consumos para evitar el despilfarro, reducir los impactos ambientales y los costes económicos y sociales. Los avances estructurales dependerán en gran medida de la incorporación de las nuevas tecnologías y del compromiso de los ciudadanos.

Importamos más de 600 millones de barriles de petróleo al año que suponen el 70% del consumo energético del país. El precio fluctúa, generalmente al alza. En 1998, cuando se aprobó la Ley de Hidrocarburos, estaba a 10 euros, a finales de 2010 en 67 y en la actualidad, a consecuencia de la inestabilidad en los países productores del norte de África y Oriente Medio, está por encima de los 82 euros. El aumento de 10 euros en el precio del barril tiene un coste para España de 6000 millones de euros al año.

Para paliar los efectos de la subida, el Gobierno ha aprobado un Plan de Ahorro Energético, que permitirá reducir un 5% las importaciones, 28 millones de barriles, que tienen un coste de 2300 millones de euros al precio actual. La inversión asociada a este plan es de 1151 millones de euros, financiados al 80% por las empresas eléctricas a través del fondo destinado a la Estrategia de Ahorro y Eficiencia Energética.

Las medidas contempladas en el Plan, que van acompañadas de una campaña de sensibilización ciudadana, afectan al transporte y la movilidad, la iluminación, el consumo eléctrico y a la eficiencia energética de las edificaciones.

En materia de transporte y movilidad se reduce la velocidad máxima a 110 Km/h. en autovías y autopistas, se fomenta el transporte público rebajando un 5% el precio de los billetes de cercanías y media distancia y se destinan 262 millones de euros a los ayuntamientos para planes de movilidad urbana. También se favorece la renovación de neumáticos aportando 20 euros por unidad, hasta un máximo de 240.000 y se eleva al 7% el porcentaje de biodiesel en el combustible para vehículos.

Para reducir el consumo en la iluminación de las ciudades y pueblos, se establecen ayudas destinadas a la puesta en marcha de proyectos integrales, en los que se contemplan medidas que van desde la mejora de las redes de distribución, la renovación de las lámparas de vapor de sodio por otras más eficientes y la automatización de horarios en función de las condiciones climáticas y los usos sociales.

La mejora de la eficiencia energética en la edificación se favorece mediante líneas de créditos, gestionados a través del ICO, que se financian con el ahorro logrado, para la modernización y el aislamiento térmico de las instalaciones y el fomento del uso de la biomasa para la calefacción. 

           Ante este conjunto de actuaciones, avaladas por la experiencia contrastada en materia de ahorro energético y diversificación de las fuentes de suministro, que ha permitido reducir un 10% el consumo de productos petrolíferos en el periodo 2006-2010, la alternativa del PP ha sido un ataque de risa.

Reformas




Ha pasado el tiempo de las palabras, hay que pasar a los hechos. ya no hay espacio para el oportunismo de corto alcance. Es necesario gobernar para conquistar el futuro, para escribir la historia. Hay que hacerlo con el gesto sereno, la voluntad de trabajo y la búsqueda del pacto, porque es necesario sumar esfuerzos para llevar a cabo todas las reformas que España necesita, para avanzar en la recuperación económica y la creación de empleo. Es necesario trabajar con sentido de la responsabilidad, conscientes de las dificultades y del estado de ánimo de la sociedad, fruto de un momento de dificultades económicas y sociales muy serias, pero fortalecidos por la coherencia de un proyecto y de un compromiso de futuro con los trabajadores y con todos aquellos que más necesitan las políticas de igualdad de oportunidades, siempre vinculadas a los servicios y prestaciones públicas.

El gran objetivo estratégico debe ser el cambio del modelo productivo, a través de la realización de un ambicioso plan de reformas, para lo que necesitamos el mayor volumen de acuerdos y de consensos posibles, porque los cambios con acuerdos son más fuertes y tienen más credibilidad.

En estos momentos, por encima de las urgencias y de los intereses electorales inmediatos, es más necesario que nunca intensificar la negociación política, priorizar la voluntad de acuerdo y aportar la máxima flexibilidad en la búsqueda del entendimiento entre los interlocutores políticos, económicos y sociales. Algo que no acaban de asumir los dirigentes del PP, a los que se les han subido las encuestas a la cabeza y ya no les cabe ningún compromiso, ninguna idea, ningún programa.

En la legislatura pasada, cuando la situación económica lo permitía, el gobierno socialista llevó a cabo importantes reformas sociales, que consolidaron el estado de bienestar. Como la memoria es frágil es necesario recordar: el nuevo Sistema de Atención a la Dependencia que atiende hoy a más de 669.000 personas, el incremento de las becas en más de 400.000 beneficiarios, la subida del salario mínimo un 18%, el incremento de las pensiones más bajas un 27%, la cobertura del 80% de los desempleados y las políticas de apoyo a las familias.

La economía global y los avances tecnológicos exigen un esfuerzo ineludible de todos, para mejorar la competitividad y la productividad de nuestro modelo económico y social, no solo en España, sino en toda Europa. En este escenario, la crisis económica mundial ha puesto de manifiesto las limitaciones de nuestro modelo productivo y, en consecuencia, la urgente necesidad de acometer reformas estructurales, si queremos garantizar la recuperación económica, la creación de empleo y el mantenimiento del Estado de Bienestar. Las reformas casi siempre suponen esfuerzos y sacrificios para todos, suelen provocar críticas y resistencias, pero el tiempo y los resultados enfrentará a cada cual con sus responsabilidades históricas. Las dificultades del presente pueden aportar el impulso imprescindible para lograr una economía productiva, competitiva, generadora de empleo y de bienestar social.

En este final de legislatura estamos asistiendo a un periodo de reformas estructurales que afecta al sistema financiero, al mercado laboral y al sistema de pensiones.

            Paralelamente estamos inmersos en un proceso de modernización de nuestro sistema productivo con reformas en el ámbito de la política industrial, el modelo energético, las políticas de ciencia e innovación tecnológica, la negociación colectiva, la formación profesional y las políticas activas de empleo. El objetivo estratégico es avanzar hacia un nuevo modelo productivo, que sea solidario, competitivo y eficiente y que esté asentado en la diversificación económica, en una mejor cualificación de nuestro capital humano, en el fortalecimiento de la cultura empresarial y en la incorporación de los avances tecnológicos.

La experiencia avala que las reformas en el sistema público de pensiones garantizan su sostenibilidad, por eso suelen abordarlas aquellos que más creen en su necesidad, porque la alternativa de no hacerlas sería poner en riesgo el modelo. Con la reforma, nuestro sistema de pensiones seguirá siendo público, universal y seguro para todas las generaciones. Las pensiones podrán seguir subiendo y nuestras cuentas públicas serán equilibradas y fiables. Nada hay más progresista que pensar en los que se van a jubilar dentro de 15, 20 o 30 años y actuar para que no tengan problemas. El incremento de la esperanza de vida y el retraso en el acceso al empleo exigían tomar medidas como el incremento gradual de la edad de jubilación de los 65 a los 67 años, tomando en consideración factores como las profesiones penosas o que comporten riesgos, los años cotizados, el cómputo de los jóvenes becarios y de las mujeres con hijos, etc.

El drama del paro, que tanto afecta a la exclusión social de muchas personas, exigía la reforma urgente de las políticas activas de empleo, aprobada por el Gobierno en cumplimiento del Acuerdo Social y Económico. Esta reforma establece una atención directa e individualizada a cada persona que esté en el paro, con el objetivo de mejorar su empleabilidad, es decir su capacidad para encontrar otro empleo. Hacia ese objetivo se volcarán las ayudas públicas, canalizadas a través de un Plan de Choque dirigido a estimular la contratación de jóvenes y parados de larga duración. También se ofrecerá formación y ayuda económica a aquellos desempleados que hayan agotado todas sus prestaciones. En relación con la reforma del sistema financiero, primero fue necesario garantizar su solvencia, después se estimularon las fusiones para lograr entidades más operativas y ahora se trabaja en mejorar su capitalización, para que puedan ayudar a la economía, realizando su labor que es facilitar crédito a empresas y familias.

Detrás de un plan de reformas y modernización económica de esta envergadura, debe estar todo el país. El logro de esa conciencia colectiva solo es posible desde el acuerdo. Por eso es tan importante la señal que hemos dado con el Acuerdo Social y Económico, alcanzado entre el gobierno, los sindicatos y los empresarios, en un ejercicio de gran responsabilidad por parte de los agentes económicos y sociales.

Porque, ante todo, es un compromiso de confianza en nosotros mismos: en España, en los trabajadores y en los empresarios. Un gran compromiso en el que reafirmamos nuestra capacidad de competir, de crear buenos productos y de avanzar en prosperidad. Un acuerdo que hay que ampliar a otros campos y en el que deben participar otros interlocutores políticos en su tramitación parlamentaria para que se sustancien como leyes.